domingo, 11 de enero de 2009

2009

Todos, quizà sin importar el motivo, escriben sobre el año que empieza. Unos con la fina convicciòn de saldar sus cuentas pendientes con el destino, y dejarlo, por fin atado de manos contra la cama. Otros, màs ingenuos, intentan suturar sus heridas màs profunds obligàndose a olvidar al reclacitrante amor de invierno.
Por mi parte, recuerdo los propòsitos del 2008. Todos, bueno, no todos, pero sì la mayorìa resultaron un fiasco. Una mentira que me ayudò a no claudicar en el frìo de enero. Sin embargo, el año tuvo contrastes de naturaleza caledoscòpica. No quisiera hacer un recuento de los daños ni unaatiborrante enumeraciòn de las cosas màs terribles y fascinantes del año que pasò ni de las que espero del año que empieza. Màs que nostalgia siento alivio.
A veces, sin importa còmo ni por què, me pongo a pensar en todo lo que ha sucedido y de còmo todo tiene una ralaciòn ìntima con cualquier paso que doy o con la ropa que uso, o con el pie con el que me levanto, el lado de la mesa en el que me siento, la mano con la que tomo el cepillo de dientes, el color de la pasta del libro que lleve en mi bolsa; en fin, las supersticiones màs abyectas me han condenado a perder, en muchos momentos, mi Fe. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, decidì no confiar en nada màs que en mì y en THE MASTER OF THE MASTERS, GOD.

Dejarè que este año fluya. Tengo un par de proyectos que espero realizar, pero nada màs. Quiero que la vida me detenga entre callejones, que me sorprenda. Sin amores furtivos ni baratos, sin falsos profetas ni anacoretas vendidos en la merced. No quiero màs eso que me daban. No acpetarè los remilgos del pasado ni las desventuras que me ofrece una bola de cristal que rueda por la escalera. No aceptarè, escùchenlo bien, el imperativo de esa mujer que no da nada a cambio.
Este año serà decisivo para mì. Es lo ùnico que puedo decir.

Amigos o no, espero verlos pronto. Saber que su vidad tienen un trayecto, un rumbo. Saben que quiero a la mayorìa de ustedes. A la otra, por desgracia, no. Pero aùn con eso espero verlos.

"Sólo vale la pena vivir para vivir "

martes, 23 de diciembre de 2008

Shhh






En sus más altas cumbres,
la poesía parece todo exterior,
cuanto más se retrae más pierde sentido





Escribo porque no tengo motivos para no hacerlo, pero tampoco tengo motivos para hacerlo. La maldita dicotomía extranjera sugerirá la insuficiencia del texto, del poema, de la novela, de una autobiografía innecesaria e incompleta. Si dejo de escribir cumpliría la profecía posmoderna de poblar como silencio, como nada. Si escribo sobre las tablas más finas, los papiros más pesados, las níveas más exactas, será inútil renombrar las cosas, resignificarlas a cada golpe de pluma. ¡Tanto tarda Babel en construirse de nuevo! El silencio es como la muerte, hipnotiza. Sin embargo, es la inescrutable fuerza que lo crea lo que también nos otorga la vida. Nos abre ese rumbo infatigable, impensable, forjado por delirantes corceles. El tajo septentrional que nos arroja la delta del vacío.

Rimbaund calló temprano, bajó de su afable Barco ebrio para no subir jamás. ¿virtud o pecado? La desaparición, casi espontánea, de publicaciones no significa, remotamente, la pérdida de esa necesidad, de ese, como decía Poe, “pueril desbordamiento de versos”. La palabra como precisión: sine qua non del verso.

Rimbaund no era un hombre civilizado. No inventó una filosofía que justificara el aberrante progreso del melancólico París decimonónico. Aceptó, con la cabalidad de un borracho, su decrepitud espiritual a los 17 años. Fue un poeta salvaje, obligado a la bravura de sus instintos, aristócrata melancólico, adicto a los enervantes y al ajenjo, fiel a la genealogía de sus vicios, hombre que, si no fuera por sus retruecos poéticos, la bendición de su silencio hubiera sido completa.


¿Qué decir? ¿Cómo decir?

El lenguaje, según Huidobro, es “la masa poética”, el material, dirían los desafortunados formalistas. ¿Qué tanto tiene de cierto aquello de que el lenguaje es exclusivo de la comunicación y que es inútil para la poesía? El lenguaje de los caprichosos infrarrealistas (así, en minúscula) no debe ser usado para la poesía. ¡Qué razón tenía Ionesco! Tanto hemos escudriñado el lenguaje y sus significados y significantes, tanto hemos ejercido lo automático de su forma... Hemos, con mala intención, aberrado la razón primera, consignada ésta por Jehová en Babel. Nos hemos acostumbrado al neologismo bastardo, a la vendimia entre idiomas, a la falsa resignificación y adaptación. El desuso no es un mal oncológico que debemos extirpar; es, quizá, la parte saludable de nuestro sistema, que hemos decido satanizar.

Rescatar la situación es tarea de los incautos y de los falsos profetas. El vacío es la forma más exacta de infinito. El infinito de Alquié: “el tiempo que aprehenda todos los tiempos”. Sin embargo y con él, lo eterno y lo infinito son creaciones que describen y significan, exclusivamente, dentro de sí. Lenguajes únicos que se forjan dentro de sí mismos. El infinito es un espacio donde discurre y ocurre lo eterno. La representación gráfica de un sistema de ecuaciones diferencial, es un trazo apenas asible para la velocidad de la vista. Es un zarpazo que deja una estela en una densidad de aire calculada. Esta ecuación no se lograría en un vacío ya que la ráfaga debe romper las barreras del polvo. ¿El vacío es la utopía matemática? ¿Cómo calcular el vacío? El vacío es como cualquiera forma, las ecuaciones que deducen en su forma son infinitas, sin embargo la fragilidad de esa línea infinita se descompone. El silencio y el vacío no son una ausencia, son un exceso. El infinito es algo que ocurre en el silencio, en el exceso.

domingo, 30 de noviembre de 2008

DILUVIO

Nadie preguntará por mi
no doleré más
nadie extrañara el granizo que soy;
te regocijarás por eso.
Al final del día caeré
sobre el techo de tu casa
que imagina tumba de secretos
haré eco con millones de voces
silencio cuando agua me refleje en tu espejo.
Seré fresca aguasangre
Agazapándome en los rincones.
Me llamarás plaga
aun así me beberán
los perros en las copas
Me volveré lodo.
Las mañanas serán más largas
y nadie preguntará por mi.

lunes, 29 de septiembre de 2008

qué más da si está mal escrita, qué más da si le faltan comas, puntos, puntos y comas, si hay erratas,qué más.

Manuel, otra vez. Ya, manuel, cálmate, no tires por la borda todo. Manuel, por favor, no estás tan solo como dice el espejo. NO estás tan mal como lo dicen tus manos. NO , manuel. Además, estás donde te mereces, al filo de la navaja. Ahí, en lo más oscuro de este cuarto donde nada se oye. No, manuel, ya no. Por favor, entiéndelo, volviste a caer. Irresponsable, flojo, drogadicto, despreciable. ¿cuántas personas quieres que te lo digan? otras 10, otras diez quieres que te digan lo horrible que eres, lo despreciable y abominable que resultas? Rencor. Sólo eso. La fascinación del moribundo, la peste de la carroña. Por qué diablos no me mate aquel día, ese día que pude y no llegué. por qué la vida me regala más segundos de escalofriante oxigeno. Ya no, manuel, ya no lo necesitas.
Manuel, de anda sirve la conmiseración, la maldita conmiseración.
Perdiste, ahora, sí, para siempre. Nadie vendrá, nadie, como aquella vez, sólo llegó ella, pequeña, indefensa, tenía 8 años. Nadie, nadie sabrá que lo hiciste.
Manuel, adiós, amor. adiós corazón de tiza, adiós tan oso de felpa, tan de nadie, tan no de dios.

martes, 9 de septiembre de 2008

Humo. Capricho XI

¿Me pediste que te escribiera algo?, ¿o fue mi imaginación?

Pienso en la respuesta, ¿sabrás que te escribo?
No tengo nada que decirte:

Me disculpo, no podría no hacerlo.
Por las flores que no te di. Pero siguen siendo unos insectos casi invisibles
por mi manía de no decir tu nombre. Por guardarte como
la lápida que se sostiene entre mis manos
Perdóname, niña, por no decirte jamás que somos el uno para el otro.

Al irte yo dejé de tener esa mirada tan fija e infinita e profunda e bella
ahora suelo usar anteojos de cristal soplado
tu nombre fue prohibido en mí nuevo vocabulario
cayó en desuso, como mis manos en tus hombros.

En el rostro me han aparecido verrugas, grandes como las nubes, como tu ausencia
Mientras te fuiste, coleccioné teléfonos que no existen, nombres que nadie podía pronunciar
tequieros con sabor a nicotina.

Mientras te fuiste dejé de caminar.
me cansé de saber la ruta
de saber los adoquines y sus partituras
Perdí el folio , mientras te fuiste, hablé con mamá, le conté de ti.
Y la muerta es franca visita entre las 6 y las 9 de la noche.
¿me das tu hora?



Mientras te fuiste
escribí una novela que habla de ti. Una novela larga, como el olvido.
Empecé un poema, uno que no habla de ti, ni te sugiere.
Retomé la palabra de Dios y la puse en mi cabecera
actué en una obra donde el sol era el protagonista
cobro mis honorarios con recuerdos.


Mientras te fuiste
Dejé de fumar
Mientras te fuiste
Me quedé
Mientras me quedé
Amé a otras mujeres.

martes, 19 de agosto de 2008

Capricho X. Soledad


La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye.
Juan José Arreola, “La migala”.




Suave y con gracia se pasea por la habitación
con esa precisión que le da no estar borracha.
Me mira. Se toca.


Roza la pared con sus dedos níveos y
rechina los dientes en la almohada.
Astuta, embustera.


Tiene una vajilla con su nombre
Mientras desayuna un trozo de mí, escucha a Rooster Frost.
y su escándalo levanta los vecinos.
Ruidosa, tragona.


Camina entre las paredes de mi cuarto
me espera por las tardes con un buche de café
amargo, como ella,
que pasa las tardes leyendo insoportables levedades e inmortalidades
infame como yo sin ella.


Llega la plutónica veleidad, y ella está de nuevo recorriendo el pasillo.
¿Direlo? ¿Te amo?
Le diré que su presencia me arrulla en las madrugadas,
que el escándalo de sus pasos es la sinfonía más dulce
que sus dientes son los agentes de Gabriel
y que ya no me siento solo desde que ella se mudó conmigo
amarga, astuta, embustera, ruidosa, escandalosa
como yo.

domingo, 3 de agosto de 2008

Ser poeta no es un logro (o el poema abandonado)



Y recordé el poeta de los cadáveres zurdos

Y recordé un tú, Edmundo, de exquisitos malsabores

¿eres tú el de los poemas de Ella?

Imaginé que no sabías que eras tú, un saltimbanqui

Un hombre que viene en procesión

un libro con bisagras de latón


Tú, rabo de piedra, armado de tinta hasta los dientes

marchando hasta la tumba.

Ser poeta no es un logro

Ser Edmundo no es un logro, tú.


Eres un sincero fanfarrón

Un farsante que sabe los versos de Becerra

que cita en las juntas y tertulias

a los cisnes más tristes de la noche de alas.

Ser poeta no es un logro, laureado trovador

Pensé en la rima a/b/b/a y en los endecasílabos

“sin mí, sin vos y sin Dios”


Pensé en lo grotesco del poeta tirado en los cafetines

En el fondo de la taza

[que se retuerce entre comitivas de porcelana blanca

¿Eres tú, Edmundo, Poeta de erratas?

Ser poeta no es un logro, Edmundo.

es una condena.

miércoles, 23 de julio de 2008

El doctor Elizondo, el profesor Moriarty y el doctor Kristalo

Podemos confiar en nuestros científicos porque nos ayudan a encontrar el camino a través de la distancia cercana;
pero para el más largo trecho del futuro habremos de depender de los poetas.

Tendremos que aprender a interrogarles más estrictamente ya escuchar con más cuidado.

Un poeta es, después de todo, una especie de científico,

pero dedicado a una ciencia como la literatura en la que anda es mesurable.
Lewis Tom

Jamás me había ocurrido y menos con Salvador. Decidir los temas, de esta presentación, el de mi tesis, el de algún artículo. Nunca me había pasado. Ahora, que leo de nuevo algunos cuentos vuelvo a la idea que siempre me persigue. El hambre de inmortalidad, esa sed de permanecer eterno. De detener el tiempo, y no dejar que avance con su bastedad y con su olvido.
Miguel de Unamuno decía en Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, es deber “adentrarme en la totalidad de las cosas visibles, extenderme a lo limitado del espacio y prolongarme a los inacabable del tiempo", adentrarse sí, para constituirse en las perturbaciones que se generan en “los demás”. Sigue Unamuno, “Es el desenfrenado amor a la vida, el amor que la quiere inacabable, lo que más suele empujar al ansia de la muerte”. Borges habla de la eternidad: “…empezaré por recordar las oscuridades inherentes al tiempo, misterio metafísico natural, que debe preceder a la eternidad, que es hija de los hombres”. Alquié nos dice que la eternidad es el tiempo que aprehende el tiempo, un tiempo de tiempos. Sin embargo, Elizondo no se vale de artilugios para maniobrar en la eternidad y en lo infinito. Es a través de lenguaje, de poesía, de literatura, y sorpresivamente, de ciencia. Sí, de Ciencia.
Elizondo, en su autobiografía, publicada en 1966, nos dice que durante la filmación de su película, entró en contacto las imágenes “que representaban el extraño mundo científico el siglo diecinueve” le gustaban, “no tanto por su cientificismo entusiasta, sino por los caracteres extrañamente mágicos que se veían aparecer en esos grabados nítidos y tortuosos que ilustraban las revistas científicas de la época”. Elizondo relaciona las formas y diseños de la amputación y de la anatomía con algo mágico, una especie de iconografía asida al mundo de los símbolos chinos. A partir de ahí, la amputación se volvió tema central de su primera novela, Farabeuf, y un a obsesión que marcará toda su obra. Pero no sólo la anatomía y la medicina llamaron la atención de Elizondo, sin duda, la tecnología y sus posibles avances, así como la ciencia ficción, formaron en el escritor un horizonte donde se pueden trazar muchas directrices.
Volvamos a su autobiografía. Elizondo asegura que
el poeta, o es un hombre que se enfrenta a la eternidad momentáneamente, en cuyo caso vive o concreta, mediante el lenguaje, imágenes o sensaciones, o bien eterniza el instante viviendo las imágenes o las sensaciones, o bien eterniza el instante viviendo las imágenes olas sensaciones en el lenguaje
En otro momento de la autobiografía anuncia que “al final de cuentas, como escritor, me he convertido en fotógrafo; […] Creo que, después de todo, que la insinceridad, que es la emulsión sobre la que esas imágenes se eternizan […]” Existe de manera declarada una obsesión por eternizar la imagen. Por detener, a través del lenguaje, el paso del tiempo. El lenguaje como un catalizador que se resuelve así mismo, pero que en él, y a través de él, se consigue la eternidad. Ya lo mencionó el bueno de Unamuno, el lenguaje es la única forma de extendernos y prolongarnos en lo inacabable del tiempo, volvernos un tiempo con todos los tiempos. La eternidad es hija del hombre nos dice Borges, es la creación del ser humano, como el lenguaje.
En Farabeuf, se asegura que “la fotografía es un recurso para alcanzar la inmortalidad”. En el periódico unomásuno, en 1977, también declararía que “la fotografía es en el tiempo lo que la geometría es en el espacio y la poesía, en cualquiera de sus expresiones, en el lenguaje: lo más cerca que podemos llegar a la verdad”. La fotografía, porque detiene el tiempo, lo vuelve estático en un instante. La geometría porque mide con una ambigua precisión, y la poesía porque es el empleo de las palabras en su más puro significado, en su sonido, en su forma, escansiada o no, la poesía es producto de una conciencia del lenguaje. De nuevo, Elizondo nos plantea mundos paralelos, casi simétricos entre la poesía y la ciencia.
¿Pero, todo esto qué tiene que ver con la ciencia? Elizondo en un poema nos anuncia, con ironía y cierta malicia, esta relación


I
Si una o varias fuerzas obran/ sobre su cuerpo a la vez/ guardarás el equilibrio/ aplicando al mismo punto/ una fuerza equivalente/ pero en sentido contrario.
II
Si varias fueras se aplican/ a un mismo punto del cuerpo/ en direcciones opuestas/ guardarán el equilibrio/ aunque pierdan el sentido.
III
Si el cuerpo está en equilibrio/ lo conserva aunque le apliquen/ otras fuerzas que a su vez/ se equilibran entre sí.


Obviamente, si hacemos una descripción gráfica de este poema, resultaría un sistema vectorial en una línea en el centro, que según las fuerzas, declina sobre un costado, sin embargo, el equilibrio interno, que da solides a la vida, es inquebrantable, y ninguna vector, por más doble que venga, podrá sacar de su perfecto centro tantas cosas.
En “Grünewalda o una fábula del infinito” (El retrato de zoe y otras mentiras, 1969). Elizondo se apoya en el método matemático algebraico para contextualizar y resolver los conflictos del cuento. Desde el principio, en el epígrafe de Bertrand Russell nos anuncia que “las matemáticas usan una noción que no constituye la de las proposiciones que la consideran. De tal suerte, la nombramos la noción de verdad.” En todo el cuento aparecen vértices y aristas que nos explican la relación entre la geometría y la gramática, entre lo infinito-fractálico y lo eterno-filosófico. Uno de los personajes que aparecen es el Doctor Kristalo y su laboratorio quirúrgico-matemático, este personaje interviene, quirúrgicamente a Grünewalda para que el tiempo no sólo que no pasara pro ella, para mantenerla joven, eterna, sino para que los que ya pasaron por ella y dejaron sus ineluctables marcas, desaparezcan. Pero, el narrador pregunta “¿cómo puede se posible? Sólo en el mundo de los números que es el mundo significante de este mundo significado por ellos.”. El doctor Kristalo manipula el tiempo, lo detiene, lo congela, a través de un proceso matemático y quirúrgico que, en el cuento, otro profesor se encarga de explicar a través de un sistema de sustitución algebraica. Elizondo, a través de un doctor, detiene el tiempo, pero condena a Grünewalda, que no sólo pierde el amor de su amante, ya que, a pesar de mantenerse joven, se mantiene fría, congelada, inmutable. Elizondo advierte que la manipulación del tiempo, del viaje hasta sus entrañas es una empresa que requiere no sólo del avenamiento del científico, sino del escritor que pueda, a través del lenguaje, y en el caso de este cuento, de los números que sirven para dilucidar formas geométricas, someter al tiempo y ponerlo detrás del cristal. ¿El doctor Kristalo era un poeta?, al menos encontró, como dice el narrador, la conjunción entre la Geometría y la Gramática. Además, el experimento-operación al que es sometida el personaje principal, pone en relieve el papel de lo imposible, y el imposible, en relación con en el infinito, según el narrador, es olvido. Y el olvido es más tenaz que la memoria, nos decía el Dr. Farabeuf. Tan tenaz que nos obliga, a través de la escritura a delinear nuestros recuerdos, como el mar moldea los contornos de la orilla.
Existe otro cuento que también nos ejemplifica con claridad esta obsesión de detener y congelar y manipular el tiempo. “La luz que regresa” (Camera lucida, 1988). En este texto aparece otro científico, otro profesor o doctor, el profesor Moriarty. Este científico, a la usanza de los viajes en el tiempo de la ciencia ficción, inventa un aparato diferente: la cámara de Moriarty o cronostatoscopio.
Camera Lucida es, quizá, el volumen donde mejor se muestra esta dicotomía Literatura-Ciencia. La relación entre la escritura como un experimento que nos permite alcanzar la inmortalidad y los artilugios tecnológicos y científicos que los personajes de Elizondo inventan para postergar la muerte, para manipular el tiempo.
En “La luz que regresa”, Moriarty, inventor de la cámara de Moriarty, explica la función de su máquina. Nos dice que "El tiempo es un sistema de cintas que corren en diversas direcciones y diferentes velocidades... es posible mediante mi invento pasar de una a otra, aumentar o disminuir su velocidad, detener su marcha, regresar su curso...", todo esto con electrones y iodos antitiempo. Cuando describen la máquina de Moriarty nos dicen que es un “enorme paralelogramo translúcido”. Moriarty, para demostrar que su invento funciona, hace un ejercicio de prueba "Guiándonos por la luz del cometa que apareció en aquellos días y del que hablan todos los historiadores, intentaremos retroceder dos mil cuarenta y un años hasta tal fecha como la de hoy, los idus de marzo, del año 44 antes de Cristo...". Para intentar detener el terrible asesinato de Julio César. Cuando la máquina comienza a funcionar, Moriarty le dice a sus espectadores: “Et nem at nel yum or ep od da sap le ai ca ach ram ne enop es ay” De nuevo el lenguaje es el que guía y manipula el tiempo, lo detiene y lo corre hacia atrás. Observaron todos la terrible infamia con Julio César. EL profesor Moriarty decide intervenir en la historia, llegar, como personaje, al pasado. Un presente que irrumpe un pasado. Sin embargo, como nos dice en un principio, es más fácil prever el destino que escapar de él. Moriarty, nos dice el narrador, murió sin poder viajar al futuro. El narrador, de manera socarrona, nos dice que todo esto ocurrió en los años noventa, el libro lo están leyendo en los años ochenta. El viaje en el tiempo y el lenguaje, aquí, cumplen con el mismo proceso de eternización. La escritura condensa el tiempo, presenta pasado y futuro, todos los tiempos el tiempo. Y el viaje, como lo anuncia Unamuno, es la manera de prolongarse en el tiempo, ir y venir, detenerlo, incluso.
Elizondo, quizá el único eterno de los escritores mexicanos no está preocupado por la vacilación de los problemas locales, ni por la antelación de los pueriles cortes de la novela tradicional que experimentan los compañeros de generación. Elizonodo, como Borges, como Joyce, como Beckett, como Proust, está pensado en el tiempo, en la memoria que lo guarda y en la escritura que lo vuelve inmortal. Es un científico de la palabra, un loco como Moriarty, como Kristalo. El escritor que experimenta con el signo como si se tratara de la fórmula alquimista más preciada. Sin duda, la vocación de crearse, de nombrarse y de hacerse aparecer en sus textos como escritor, científico y profesor, no es más que una manera de lograr evadir el paso del tiempo, quedar para siempre, no entre formol y partículas, sino entre tinta y papel.